lunes, 28 de mayo de 2012

Se cumplen cincuenta años





Autores: SilviCaroAgusHernánNicoJuanito.



Para Juan Miguel
28/05/1947 - 27/01/2001

Te extrañamos, Viejo...


Se cumplen cincuenta años
una vez sola en la vida,
y se trae a la memoria
cosas que nunca se olvidan.
No me diga que es mentira
lo que yo le via’ contar
de este gaucho Don Miguel
vasco duro pa’ porfiar.


De chiquito, nomás,
aprendió a andar en el campo
junto a Don Bassagaisteguy.
Quién los podía parar,
si era de lindo mirar
(según nos contó la Piba)
muy temprano en la mañana
irse juntos a tambear.

lunes, 14 de mayo de 2012

Rústicos (parte 4 de 4)


Parte 1 de 4: click aquí.
Parte 2 de 4: click aquí.
Parte 3 de 4: click aquí.




El pechito de Messi

Cinco minutos. Trescientos segundos. Walter toma la pelota ni bien mueve el Polaco del medio y encara hacia el arco de Martín esquivando rivales como si de postes caídos se tratara. Pasa al Chueco, pasa al Gallego y solo queda por delante Luis.
Amague clásico a la derecha y quiebre de cintura para huir por la izquierda. Luis superado. Pero no por completo: una de sus patas largas traba desde atrás, sin foul, el remate de Walter (quien se relamía ante la posibilidad de un 4-2 irremontable). La pelota hace una rara parábola y sale enloquecida hacia la otra punta, donde Juan Carlos la espera gozoso, las babas de satisfacción cayéndole por las comisuras de los labios. A la carrera, entrando al área y sin pararla, saca un terrible derechazo cruzado al ángulo. Y Martín que no se deja sorprender, echándola al corner volando con mano cambiada como en sus mejores épocas.
Viene el tiro de esquina y el balón es rechazado de cabeza por el Mingo. Sin dueño, la pelota sigue su viaje sola en su alma hacia el medio de la cancha. El Raba y el Masa salen desesperados en su búsqueda, como si de la largada de la final olímpica de cien metros se tratara.
Llega primero el delantero y apareado por el duro defensor, la tira hacia delante intentando aprovechar su mayor velocidad (y menor edad). Manotazo va, manotazo viene y ambos llegan juntitos al borde del área, la pelota siempre en poder del Raba. Ante la salida de Fernando intentando achicar espacios, el delantero la empala con maestría y el esférico pasa por encima del portero con destino cierto de red. Detrás del arco, el pequeño Alejo se levanta de su asiento-balón-de-Messi con los brazos alzados hacia el cielo, presto a gritar con todas sus fuerzas el gol del empate.
Pero la pelota pega en el larguero y con una lentitud extrema, cual Keanu Reeves esquivando balas asesinas en “The Matrix”, vuelve hacia la cancha queriendo, intentando, sugiriendo, ordenando golpear el suelo en el centro justo del área chica. Fernando ha quedado en el suelo, caído luego de resbalar al intentar tapar el disparo que buscaba la paridad en el marcador. El Masa ha quedado en el suelo, caído luego de empujar al delantero rival y golpearle el tobillo derecho con una patada asesina en el mismo instante en que tiraba al arco. El Raba ha quedado en el suelo, caído luego de empalarla, recibir el golpe y el empujón del Masa, y al mismo Masa sobre su magullada humanidad, sirviendo como colchón humano al rudo defensor en su viaje al piso.
Quien ha corrido toda la cancha siguiendo de atrás la jugada ha sido Luis. Vio como el Raba disparaba, como el Masa maltrataba, como Fernando resbalaba, y como la redonda rebotaba en el travesaño y volvía.