lunes, 3 de junio de 2013

El error




Se despierta sobresaltado y ve a Federico junto a su cama, los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué pasa, Fede? —pregunta, y mira el reloj despertador: las cuatro de la mañana.
—Hay un monstruo en el ropero, pá. Tiene… unas garras… enormes —solloza.
—Okey, tranquilo, te propongo algo. Vos acostate con mami y yo me voy a tu cama, ¿sí?
—¡Sí! —responde Federico, aliviado.
El hombre le cede su lugar en la cama matrimonial y le da un beso fraternal. Recién cuando lo escucha dormir va hacia la habitación del pequeño y abre las puertas del ropero.
Ningún monstruo, solo ropa y juguetes.
Apaga la luz y se acuesta en la cama de su hijo.
Es entonces cuando siente las zarpas filosas abriéndole el pecho de par en par, y la humedad de su propia sangre manchando las sábanas.
Y se da cuenta del error: no miró debajo de la cama.


Juanito
Junio de 2013

(redactado en ocasión de la convocatoria de El Edén de los Novelistas Brutos)

25 comentarios:

  1. Breve y con lógica paranoide en su construcción.
    Siempre hay que revisar bajo la cama.
    Nunca se sabe si ahí estará el hombre lagarto, o el vampiro, o el nahual, o la llorona.

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    1. ¡Gracias por tus palabras, Carlos!
      Y cuántas veces no nos hemos animado a mirar debajo de la cama, je, en nuestras dudas compartidas respecto a quién o qué habita ahí abajo.
      ¡Saludos!

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  2. ¡Muy bueno, Juanito! Un micro directo, sin dobleces, sin trampas, directo al corazóon del lector.

    Un abrazo,

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    1. ¡Gracias, Pedro, por tus palabras!
      Así lo busqué en la edición posterior a la primera redacción; esta última tenía algo más de 450 palabras y el objetivo de la convocatoria de «El Edén...» era no pasarse de las 150. Luego de la «cirugía» quedó la redacción definitiva, je.
      ¡Saludos!

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  3. Ja, ja! Me ha encantado. Siempre he creído que hay dos tipos de niños: los que tienen al monstruo en el ropero y los que lo tienen debajo de la cama.
    ¿Sos de Buenos Aires? yo viví en Caballito algo más de un año.
    Me gusta mucho tu cabecera. Saludos. Borgo.

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    1. ¡Gracias por tus palabras, Miquel!
      Buena observación, je. En este caso, el monstruo fue más hábil que todos: rotó entre ambos lugares ;)
      Soy de una pequeña ciudad del interior de la provincia de Buenos Aires, al centro-sudeste de la misma. Conozco muy poco de Buenos Aires (tengo un amigo de fierro viviendo en uno de sus barrios), una ciudad que no me atrae para nada y con la que me debo un «re - conocimiento».
      La imagen de la cabecera es del casco abandonado (hace como cuarenta años...) de una ex-estancia en mi ciudad; la foto la sacó mi señora, y fue adaptada a su aspecto lúgubre por George Valencia, de Colombia (su blog: «El Blog de Calavera»).
      ¡Saludos!

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  4. Es buenísimo , Juan. El final funciona como remate de chiste de humor negro, realza el micro, mucho.
    Pensé que irías por un dramón, pero me sorprendiste gratamente.
    Sos un «mostro».
    Saludos.

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    1. ¡Gracias, Raúl!
      No conocía el final cuando empecé a escribir el micro (aunque sí tenía la idea del monstruo dando vueltas por allí...), y el mismo de improviso, sin pensarlo.
      Alunas preguntas que me pasaron por la mente a la hora de la redacción, y sus respuestas: «¿por qué llora el pibe?»: porque vio un monstruo en la pieza; «¿por qué despierta al padre y no a la madre?»: porque el padre le da más sensación de poder, de seguridad, de derrotar a sus miedos; «¿cómo soluciona el padre el conflicto de que el pibe llora, lo más rápido posible para que no se despierte su esposa?»: le da su lugar en la cama y se va a dormir a la del hijo; «¿aparecerá el monstruo a posteriori de todo esto?»: ¡¡claro que sí!!, je, je. Y ahí surgió el final ;)
      ¡Un abrazo!

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  5. Buenísimo! Un micro-relato de 10.

    Saludos!

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    1. ¡Gracias, Kramer! Muy amable, che.
      Ya estoy por tus blogs, donde tenga un ratito de tiempo comienzo a leerte.
      ¡Saludos!

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    2. De nada, Juan.
      Por cierto, acabo de privatizar mi blognovela LHS después de todo el follón del plagio, así que tengo que añadirte a la lista de lectores para que puedas acceder.
      Enviame un mensaje por FB o un email con tu cuenta de Google/Blogger y te añado.

      Saludos!

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    3. Me parece muy bienlo que has hecho, Kramer, genial.
      Ahí te mandé un mail con la dirección de correo a tal efecto.
      ¡Saludos!

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  6. Un fallito lo tiene cualquiera. Pero no mirar bajo la cama, no es un errorcillo. Es un descuido "mortal". Ja, ja, ja (retumbando aquí y allá, como el del vampiro de Barrio Sésamo).

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    1. Nunca tan bien descripto con aquello de «mortal», je, je. Y ahí no se le puede errar de ninguna manera...
      Gracias por pasarte, Marje, y por tus palabras tan atentas.
      ¡Saludos!

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  7. Siempre, siempre, siempre, hay que mirar debajo de la cama, antes de esconderse en el armario.
    Un saludo.

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    1. Tal cual, Alfred. Aunque no siempre tengamos el valor, je.
      Gracias por tu atento comentario.
      ¡Saludos!

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  8. Crudo y directo. Terror en estado puro. Me ha gustado mucho. Un saludo Juan.

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    1. ¡Gracias por tus palabras, Esteban!
      Fue eso justamente ,lo que quise transmitir: terror. Me alegro mucho que lo hayas leído así.
      ¡Saludos!

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  9. No voy a negar que así, a bote pronto, cierto escalofrío sí he sentido al leerte...

    Buen relato y muy buen final, Juan.

    Otro. Chao.

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    1. Bueno, qué genial lo que contás, Ernesto, me pone muy contento.
      ¡Saludos!

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