sábado, 26 de diciembre de 2015

Jornada de pesca




Rodríguez respiraba agitado. La noche le pesaba sobre sus hombros, calurosa y oscura. Cielo sin luna, cubierto de nubes. Sentado en el suelo, junto al arroyo, descansaba su espalda contra el tronco de un sauce. Y la herida en su vientre no paraba de sangrar.
¿De dónde había sacado fuerzas para llegar hasta allí? No lo sabía. Pero, con seguridad, no había sido de las seis cervezas que se había tomado. ¿Del pánico? Probablemente. Molina y Silvera estaban muertos. Lagrimeó al recordarlos, y rememoró el momento en que la jornada de pesca junto al arroyo Los Huesos se transformó en su peor pesadilla.
Los tres dormían —abatidos por el alcohol—, cada uno en su carpa iglú. Y fueron unos alaridos agudos, intensos, los que despertaron a Rodríguez. Encendió la linterna, salió de la pequeña carpa, y dirigió el haz de luz hacia el agua.
Las tres líneas de pesca seguían inmóviles.
Oyó un nuevo grito, y alumbró los iglús de sus compadres. Grandes manchas rojas ensuciaban el color azul de la lona de las carpas.
Algo reptaba entre los pajonales.
Algo grande.
Algo muuuy grande, y con la velocidad de una yarará.
Temblando, alumbró el suelo. Lo último que alcanzó a ver, antes de que la linterna se le cayera, fue una cabeza sin ojos y con una enorme y anómala dentadura. Al instante, la cosa se despegó del suelo y saltó hacia él.
Sintió el impacto en el estómago y, enseguida, el roer de los dientes ahí abajo. Aulló de dolor y golpeó con sus manos al atacante; sus dedos se hundieron en algo gelatinoso, espeso, y que olía como la bosta bovina acumulada en un feed lot. El agresor gruñó, dejó de masticar y se despegó de su cuerpo. Rodríguez huyó, a ciegas y sin mirar atrás.
Solo se detuvo cuando sus piernas no pudieron más. Y allí estaba ahora, apoyado contra el sauce. Le dolía mucho la herida, e intentaba no imaginar el desastre que aquello —que parecía medir varios metros— había causado a sus tripas. Pero no podía dejar de hacerlo.
Cavilaba sobre eso cuando, de buenas a primeras, el olor a bosta acumulada atravesó como una daga su nariz. Y no hubo tiempo para más.



Juanito
Marzo de 2015


(Redactado en ocasión de la convocatoria de la Revista Digital «miNatura», bajo la temática «Weird Fiction»)

14 comentarios:

  1. Una historia muy efectiva en el terror. Algo que es letal y un personaje que sobrevive, pero por un tiempo breve, sólo para experimentar más el terror.

    Felicitaciones.

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    1. Mil gracias por tus palabras, Demiurgo.
      Me alegro que hayas podido captar el terror, algo que busqué expresamente al redactar el micro.
      ¡Saludos!

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  2. Sobrevive el tiempo justo para explicarnos su fin.
    Saludos.

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    1. Tal cual, Alfred, tal cual. Y queda ese final bullendo en nuestra imaginación.
      ¡Saludos!

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  3. No sé que pasa, te he dejado un mensaje y no sale. Bueno, probaré con otro: te decía que me ha encantado, que es breve pero trremendo, y que no me olvidaré nunca de esa cosa gelatinosa llena de dientes que te roe las entrañas de a poco. Cojonudo, Juanito, me encanta como escribes, de verdad.

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    1. Bueno, agradecidísimo por tus palabras, Ángela.
      Vos sabés que no esperaba mucho de este micro, pero veo (leo) que ha logrado un impacto interesante, en general, en quienes lo han leído. Tu caso es uno.
      Mil gracias por pasar.
      ¡Saludos!

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  4. ME-EN-CAN-TÓ.
    Muy visual, casi cinematográfico. Corto y efectivo. Sin giros ni sorpresas, brilla por su contundencia.
    Saludos.

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    1. Me alegro mucho, Raúl, que te haya gustado.
      Como le decía a Ángela, no esperaba demasiado de «Jornada de pesca», pero parece que ha gustado bastante.
      Un abrazo, pibe.

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  5. Qué duro, y qué gran final. Enhorabuena Juan. Me ha encantado. Un abrazo

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    1. ¡Muchas gracias por tus palabras, Alex!
      Es un honor para mí haberlas leído: sos un gran escritor, y me siento muy halagado porque el micro te haya gustado.
      ¡Saludos!

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  6. Trrrrrremendo, Juanito. Hacés volar la imaginación y uno le da la forma que quiere a esa cosa dientuda, blandengue y maloliente.
    Me acordé de una vieja peli, "La mancha voraz", que era algo pequeñito en su inicio y se volvía una bola enorme de gelatina a medida que se tragaba a la gente.
    Que tengas un feliz y productivo 2016.

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    1. ¡Muchísimas gracias, Mirella, por tus palabras!
      Me encantó la descripción que escribís, «dientuda, blandengue y maloliente», es tal cual lo que quise contar.
      No he visto la película que mencionás, a ver si la encuentro por ahí.
      Vamos a ver cómo me va con la escritura en este año que recién comienza... Por motivos laborales, debo volver a readecuar mis tiempos para esta actividad que tanto me gusta. En eso estamos. Mis mismos deseos para vos.
      ¡Saludos!

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  7. Otra vez tengo que felicitarte por tu imaginación, una imaginación que crea seres de pesadilla lo mismo que la coneja pare crías. Me ha gustado mucho la criaturita que nos traes esta vez. Fíjate que hasta me ha producido cierta nostalgia, pues me ha recordado a los seres protagonistas de aquellas películas de terror, muchas de ellas de serie B, de los años ochenta. Tío, te estás creando un universo que ni el de "Tales from the Crypt".

    A sus pies, caballero!

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    1. ¡Muchas gracias por tus palabras, Mr. M!
      Creo que el hecho de incluir un monstruo pesadillesco en un ambiente conocido, de todos los días (como puede ser una reunión de amigos para ir a pescar), hace que el relato se acerque un poco a esas pelis serie B, ¿no? No sé, es una idea...
      Espero sigan apareciendo monstruos por el estilo por estos lares.
      ¡Un abrazo!

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