lunes, 28 de marzo de 2016

Los 33.000 kilómetros de «Benjamin»




Sinopsis de «Benjamin»:
El miedo se transforma en terror cuando se esconde en las entrañas de tu casa…
«Ben tiene nueve años, está furioso con su madre y fantasea con la idea de marcharse de casa. Agobiado, se escabulle en la oscuridad del desván: un sitio prohibido e inexplorado que ha caído en desuso hace años.
Tras una búsqueda exhaustiva en los inmensos bosques de Carnival Falls, es considerado oficialmente un niño perdido, y a medida que los días pasan, su familia empieza a aceptar lo inevitable. Ben ha muerto.
Sin embargo, él está allí, sobre sus cabezas. A través de diminutos orificios es capaz de espiarlos, escuchar sus conversaciones íntimas, descubrir sus secretos más ocultos y presenciar cómo, lenta pero decididamente, sus vidas se reanudan… sin él.»

Más datos de interés:
Género: Suspenso. Terror.
Cantidad de páginas: 504.
Ilustraciones en el interior del libro: No.
Tapa blanda: Sí.
Editorial: Suma de Letras.
Facebook del autor: clic aquí.

Book trailer:


martes, 23 de febrero de 2016

Matar a Sebastián




Matar a Sebastián, matar a Sebastián, matar a Sebastián…
(El hombre camina por las calles internas de la Feria del Libro de Buenos Aires. A un costado y a otro brillan los stands de las editoriales y librerías más representativas. Mira fijo al frente, los ojos rojos, lacrimosos).
Hijo de puta. Y la puta que lo parió. ¡Y la puta madre que lo recontra parió!
(Masculla para sus adentros mientras acelera el paso. Aunque la multitud, que abarrota el predio ferial de Palermo, le impide llegar a su destino con la celeridad que le gustaría. Es viernes 1 de mayo de 2015, feriado en Argentina, y la concurrencia a la Feria es la mayor de los últimos quince años).
El de 2015 venía siendo un enero de descanso estival inmejorable. Pero, por mi culpa, todo giró ciento ochenta grados de un día para el otro: fui yo el que llevó el libro a las vacaciones. Lo tendría que haber dejado en casa, criando telarañas y sepultado en la biblioteca. Qué boludo que fui. ¡Qué boludo! Si estábamos al pelo con Mariana y los pibes, pasándola de diez… Al pedo me puse a leer «Tierra de Nadie» habiendo tantas novelas para disfrutar. ¡Boludooo! ¡Sebastián Elesgaray, y la concha de tu hermana!
Si algo tiene Mar del Plata es su oferta de librerías. Libros, libros y más libros, por doquier y a diestra y siniestra. Tendría que haber leído otra cosa —Fontanarrosa, ponele— y no la novela de mierda esa. ¿Por qué? Y… porque es demasiado genial.
(Gotas de sudor caen por sus mejillas, y dos aros oscuros se forman bajo su camisa celeste, a la altura de los sobacos. Es alto, de unos cuarenta años, barba candado y anteojos. Y lleva una mochila negra).
Lo conocí en 2011 a través de las redes sociales. En realidad, conocí sus letras, su estilo de redacción. Y enseguida me deslumbró. Quería escribir como él, llegar al lector como llega él; suspenso, violencia, drama, todo lo maneja de manera impecable. Un escritor de puta madre.
Y parecía que lo iba a lograr. Y más cuando me uní con él y otros seis escritores (los argentinos Bibiana Pacilio, Claudia Medina Castro, Laura de la Rosa y José Luis Bethancourt, el colombiano Mauricio Vargas Herrera y el español William Fleming) en «Historias En La Azotea», un blog para compartir nuestros relatos. Ya lo tenía, ya casi era como él. Y al tipo se le ocurre editar una novela. ¡Nooo! ¡Una novela! Mi sueño, mi gran sueño.
Que él me robó. No tenía derecho a editar primero que yo. No tenía derecho. Yo quería ser el primero en ver reflejadas mis historias en papel. No tenía que ser él. Yo soy mejor. ¡Yo soy mejor! ¡¡¡YO SOY MEJOR!!!
(Dos bibliotecarias afiliadas a la CONABIP, que acarrean sendos carritos de metal con cajas repletas de libros recién adquiridos —y que entorpecen el andar de toda la gente—, miran al hombre que, diciendo en voz alta «¡¡¡Yo soy mejor!!!», las acaba de cruzar. La más joven se toca con el dedo índice la sien derecha y gira su mano en el inequívoco signo que identifica a de la locura. La otra asiente en silencio).
Leí «Tierra de Nadie» en solo tres días. Setenta y dos horas del verano marplatense destinadas a la novela. Qué hijo de puta Sebastián: se mandó una historia impresionante, destinada a ser punta de lanza en las novelas de suspenso y horror de nuestro país (un género al que las editoriales chotas de Argentina no le dan ni cinco de pelota).
Y, cuando cerré el libro luego de la última página, vi mi única salida. ¿Quería ser mejor que Sebastián? Sí. Pero con ese nivel que tenía el escritor platense me iba a ser imposible. Salvo… salvo que el tipo desapareciera de la faz de la Tierra. No le dije nada a Mariana —tan boludo no soy—, pero el plan se me vino a la mente con una lucidez que ni yo mismo pensaba que tenía.
¿Me gustaba matar a los personajes de mis cuentos? Sí, me encantaba. Bueno, ahora lo iba a llevar a la realidad: tenía que matar a Sebastián Elesgaray.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Publicación de «Jornada de pesca» en «miNatura»




En el mes de junio de 2015, la revista literaria online española «miNatura» publicó, en su N° 142 —dedicado a la temática Weird Fiction—, mi microcuento «Jornada de pesca».
Pueden acceder a la publicación haciendo clic en el siguiente link:
Como siempre, encontrarán allí más microcuentos, ilustraciones, comics, entrevistas a autores, artículos y reseñas para disfrutar.
¡Saludos!

lunes, 25 de enero de 2016

El Negro Ledesma y las cosechadoras que vuelan




Un fenómeno de la naturaleza como el Negro Ledesma no aparece todos los días. Se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo, la puta que lo parió. Es más, prefiero ir a pasear al cementerio de noche antes que volver a verlo por el pueblo o los alrededores.
El Negro había llegado a Pampa Caliente en el año 2009, y trabajaba como alambrador bajo las órdenes de don Calixto Espínola. Tenía treinta y dos años, medía un metro noventa de altura y, con solo verlo cavando pozos para los postes o esquineros, o tirando de los rollos de alambre, era fácil adivinar la montaña de músculos que poseía. De piel oscura y ojos achinados, la gorra de vasco era infaltable en su atuendo: la llevaba consigo durante las más de diez horas diarias de labor, y también cuando se juntaba con sus compañeros de trabajo a tomar la copa en el paraje «El Pajonal», propiedad del Vasco Zarrabeitía (lugar que funcionaba como bar y, fundamentalmente, como proveeduría y almacén para la gente que vivía en los campos y estancias de la zona).
Hombre de muy pocas palabras —solo salían de su boca algún «hola», algún «chau», y el «sí, señor» cuando se dirigía a don Calixto—, tampoco soltaba la lengua cuando el alcohol corría por sus venas. Y nunca se lo había visto en pedo.
Amaba jugar al fútbol, y se había hecho famoso por eso. Sobre todo, en los campeonatos de Fútbol 5 organizados por el Vasco Zarrabeitía, que se jugaban en la canchita pegante a su paraje, y donde el campeón se llevaba una buena punta de pesos.
Los cuatro hijos varones de don Calixto Espínola —todos de entre veinticinco y treinta años de edad, alambradores y empleados de su padre— también eran fanáticos del deporte que mueve multitudes por todo el mundo. Y el equipo que habían formado se había consagrado campeón en los últimos cinco torneos organizados por «El Pajonal». Adelante la rompían el Mingo y el Sapo; el Mingo Espínola más goleador, bien nueve de área, y el Sapo Espínola con un desborde por afuera y una gambeta en velocidad pocas veces vista. Atrás hacían pata ancha el Melena y el Lechuga; el Melena Espínola sacando cualquier centro llovido que amenazara el área propia, con un gran manejo de brazos —donde los codos eran el arma más usada—, y el Lechuga Espínola con una fineza de señorito inglés para el quite del balón al rival.
¿Y al arco? Al arco el Negro Ledesma, claro.
El Negro tenía una virtud: no recibía goles. Y ojo que no era alguien que se destacara especialmente por la elasticidad a la hora de sacar pelotas al ángulo, o al cortar avances rivales saliendo a los pies de los delanteros. No, nada de eso; es más, siempre se quedaba bajo los tres palos y apenas descolgaba algún centro. Y nada más.
Lo que pasaba era que los contrarios, cuando quedaban ante al Negro luego de zafar a duras de los trancazos del Melena y el Lechuga, y listos para romper la red o tocarla suavecita a un costado y salir gritando la conquista, siempre —pero siempre, eh, no te miento— le erraban al arco. Era como si algo los nublara en ese último segundo. Uno ha visto delanteros así en el fútbol profesional, tipos que cobran una montaña de guita por partido y que no pueden meterle un gol ni al arcoíris. Por eso no debería asombrar que lo mismo pasara en un campeonato de Fútbol 5 5 de una pequeña ciudad del interior de la Argentina. Lo extraño del caso del Negro Ledesma era que el arquero, cuando tenía frente a sí a sus rivales, no se movía. Se quedaba en la línea del arco, estático, duro como huevo pa’ ensalada.
Y sonreía.
Y los ojos le brillaban.
Y los delanteros la tiraban afuera.
Yo lo vi, eh. Y eso pasó también en el último partido del Negro, aquel que significó para siempre su retiro del Fútbol 5 y su huida de Pampa Caliente.

lunes, 11 de enero de 2016

Publicación de «Adán» en «miNatura»




En el mes de abril de 2015, la revista literaria online española «miNatura» publicó, en su N° 141 —dedicado a la temática Cosmogonías—, mi microcuento «Adán».
Pueden acceder a la publicación haciendo clic en el siguiente link:
Como siempre, encontrarán allí más microcuentos, ilustraciones, comics, entrevistas a autores, artículos y reseñas para disfrutar.
¡Saludos!

sábado, 26 de diciembre de 2015

Jornada de pesca




Rodríguez respiraba agitado. La noche le pesaba sobre sus hombros, calurosa y oscura. Cielo sin luna, cubierto de nubes. Sentado en el suelo, junto al arroyo, descansaba su espalda contra el tronco de un sauce. Y la herida en su vientre no paraba de sangrar.
¿De dónde había sacado fuerzas para llegar hasta allí? No lo sabía, pero, con seguridad, no había sido de las seis cervezas que se había tomado. ¿Del pánico? Probablemente. Molina y Silvera estaban muertos. Lagrimeó al recordarlos, y rememoró el momento en que la jornada de pesca junto al arroyo Los Huesos se había transformado en su peor pesadilla.
Los tres dormían, abatidos por el alcohol, cada uno en su carpa iglú. Y fueron unos alaridos agudos, intensos, los que despertaron a Rodríguez. Encendió la linterna, salió de su pequeña carpa y dirigió el haz de luz hacia el agua. Las tres líneas de pesca seguían inmóviles. Entonces escuchó un nuevo grito y alumbró los iglús de sus compadres. Grandes manchas rojas ensuciaban el color azul de la lona de sus carpas.
Y sintió el ruido de algo reptando entre los pajonales. Algo grande. Algo muuuy grande, y con la velocidad de una yarará. Temblando, alumbró el suelo. Lo último que alcanzó a ver, antes de que la linterna se le cayera, fue una cabeza sin ojos y con una enorme y anómala dentadura. Al instante, la cosa se despegó del suelo y saltó hacia él.
Sintió el impacto en el estómago y, enseguida, el roer de los dientes ahí abajo. Aulló de dolor y golpeó con sus manos al atacante; sus dedos se hundieron en algo gelatinoso, espeso, y que olía como la bosta bovina acumulada en un feed lot. El agresor gruñó, dejó de masticar y se despegó de su cuerpo. Rodríguez huyó, a ciegas y sin mirar atrás.
Solo se detuvo cuando sus piernas no pudieron más. Y allí estaba ahora, apoyado contra el sauce. Le dolía mucho la herida, e intentaba no imaginar el desastre que aquello —que parecía medir varios metros— había causado a sus tripas. Pero no podía no hacerlo.
Cavilaba sobre eso cuando, de buenas a primeras, el olor a bosta acumulada atravesó como una daga su nariz. Y no hubo tiempo para más.


Juanito
Marzo de 2015


(Redactado en ocasión de la convocatoria de la Revista Digital «miNatura», bajo la temática «Weird Fiction»)

lunes, 21 de diciembre de 2015

Juanito en ViaexProsa




En el mes de diciembre de 2014, el escritor peruano Eduardo Ramón —a quien recomiendo (mucho) leer en ViaexProsa—, en sus podcasts periódicos de lectura de microrrelatos, tuvo la deferencia de leer mi micro «El karting a pedal y la bicicleta de carrera» en el especial #11, dedicado a la temática navideña.
Pueden escuchar el microrrelato haciendo clic en el siguiente link (comienza en el minuto 7’47’’):

Y, si desean acompañar la escucha con la lectura, pueden acceder a la historia haciendo clic en el siguiente link:
¡Saludos!