lunes, 28 de marzo de 2016

Los 33.000 kilómetros de «Benjamin»




Sinopsis de «Benjamin»:
El miedo se transforma en terror cuando se esconde en las entrañas de tu casa…
«Ben tiene nueve años, está furioso con su madre y fantasea con la idea de marcharse de casa. Agobiado, se escabulle en la oscuridad del desván: un sitio prohibido e inexplorado que ha caído en desuso hace años.
Tras una búsqueda exhaustiva en los inmensos bosques de Carnival Falls, es considerado oficialmente un niño perdido, y a medida que los días pasan, su familia empieza a aceptar lo inevitable. Ben ha muerto.
Sin embargo, él está allí, sobre sus cabezas. A través de diminutos orificios es capaz de espiarlos, escuchar sus conversaciones íntimas, descubrir sus secretos más ocultos y presenciar cómo, lenta pero decididamente, sus vidas se reanudan… sin él.»

Más datos de interés:
Género: Suspenso. Terror.
Cantidad de páginas: 504.
Ilustraciones en el interior del libro: No.
Tapa blanda: Sí.
Editorial: Suma de Letras.
Facebook del autor: clic aquí.

Book trailer:



Federico Axat

La primera vez que escuché mencionar el nombre del autor argentino Federico Axat fue en Facebook. Esto sucedió a fines del año 2012 o principios del año 2013, cuando contactos de esa red social —con los que comparto la pasión por la literatura en general y el fanatismo por Stephen King en particular— comenzaron a hablar maravillas de «Benjamin» (así, sin acento: el nombre está en inglés), su primera novela.
Según decían, el suspenso y el terror abundaban en ella, y era imposible no sentirse atrapado por la trama.
Además, y si no recuerdo mal, una leyenda contaba que Axat no había tenido éxito al intentar publicar su novela en Argentina porque las editoriales la rechazaban sistemáticamente: para ellas, el terror escrito por argentinos no tenía mercado de venta en nuestro país. Y, por ello, el autor había buscado nuevos horizontes en el afán de publicar «Benjamin». Esto finalmente sucedió en España (un país al que aprecio mucho… más adelante sabrán por qué), a través de la editorial Suma de Letras.
Y el éxito de la novela fue rotundo.
Todo esto hizo que mi interés por incorporar «Benjamin» a mi biblioteca personal creciera hasta límites insospechados.
Corría el año 2013 y, luego de tres años después de editada, en Argentina la novela no se conseguía. Reacio de mi parte a comprar libros a través de internet —solo lo hago en situaciones muy puntuales, y a través de sitios confiables al cien por ciento como Restaurant de la Mente, Libros de Stephen King y Otros Mundos, o Librería Ultraman63—, y luego de casi seis meses de búsqueda infructuosa, me tomé el atrevimiento de molestar a mi hermano Hernán para que me diera una mano al respecto.
Hernán y Annie
Hernán vive con Annie, su esposa, en España, un país que lo recibió con sus brazos abiertos (esa es una deuda impagable para mí…) cuando se fue de Argentina a vivir allí hace ya más de quince años. Y yo estaba seguro que él tendría más chances que yo de conseguir «Benjamin» por aquellos lares: allí se había publicado originalmente, como conté más arriba.
Le escribí un mail, le expliqué lo que buscaba, y encantado se puso a la pesca de la novela. Y ahí comenzó su calvario personal, ufff…
A mediados de diciembre de 2013, y a través de internet, logró contactarse con una asturiana que tenía «Benjamin» a la venta. Y luego de algunos intercambios de mails, hizo el depósito del dinero para comprársela.
Pasó una semana y el libro no llegaba al hogar de mi hermano. Preocupado, Hernán se comunicó con la vendedora y esta le dijo que lo había despachado el mismo día que había recibido el dinero. Pasó otra semana más y la novela seguía sin llegar a destino.
Más que intranquilo —y algo enojado: era la primera vez que mi hermano compraba un artículo a través de internet y pensaba que lo habían engañado—, pero deseoso de darme una mano con «Benjamin», Hernán siguió averiguando en las librerías de la ciudad donde vive, y también en El Corte Inglés (reconocido centro comercial español, con varias sucursales), y en todas ellas le decían que la novela estaba descatalogada y agotada.
Y ahí sucedió el primero de los milagros de esta historia. Hernán finalmente consiguió la novela, también a través de internet, en una librería de Madrid. La compró y, en tres días (mediados de enero de 2014), la tenía en su hogar.
Y la satisfacción y alegría por tener «Benjamin» en sus manos fue indescriptible.
El libro de Federico García Lorca que quedó en manos de Hernán
¿Qué pasó con la asturiana? Se comunicó con mi hermano a los pocos días y le dijo que el libro le había llegado devuelto, que lo sentía mucho, y que se lo volvía a mandar. Hernán le dijo que ya no lo quería porque había conseguido otro ejemplar; y, ante la negativa de la vendedora sobre devolverle el dinero, y su posterior ofrecimiento de enviarle, gratis, otro de los libros que tenía en stock, decidió comprarle un ejemplar de Federico García Lorca (según me cuenta Hernán, es de poesía y a la usanza de la didáctica literaria, como para ser usado en las escuelas secundarias u organismos educativos terciarios o universitarios; como a mí, a él tampoco lo gusta la poesía, no ha leído el libro y supone que aún sobrevive en su biblioteca personal para servir como mudo testigo de todo lo sucedido…).
Mientras todo esto ocurría (unos meses antes, en realidad, a mediados del 2013), Federico Axat publicaba su tercera novela, «El pantano de las mariposas» (la segunda novela de su autoría, «El aula 19», solo se consigue en formato digital). Y Ariel Bosi, uno de los dueños de la librería Restaurant de la Mente, y amigo personal de Axat, se comprometió a traer a Argentina diez ejemplares de la novela autografiados por el autor, si conseguía idéntica cantidad de compradores. Obviamente, y como lo atestiguan las imágenes, fui uno de ellos. Y el ejemplar autografiado de su tercera novela llegó a mis manos en noviembre de 2013, durante el desarrollo del festival de cortos King On Screen 2013, organizado por la librería mencionada y realizado en Buenos Aires en ese mes.
Hernán y «Benjamin»
Un par de meses después, en enero de 2014, Annie publicó en Facebook la foto de Hernán que antecede este párrafo, etiquetándome. Y mi alegría llegó al punto de casi tocar el cielo con las manos.
A principios de febrero de 2014, mi hermano despachó el libro hacia Argentina por la empresa de correos española.
Previsor, mi hermano me envió, al instante del despacho, un mail con el número de seguimiento del envío por la página del correo (tanto español como argentino). Y, a los pocos días, el envío ya figuraba registrado en la web del Correo Argentino. La siguiente es una imagen capturada, en aquel tiempo, de la mencionada web:
Yo todavía no sabía que mi calvario personal acababa de empezar.
Pasaron quince días, veinte días, un mes, y «Benjamin» no llegaba a Rauch. Era la tercera vez que Hernán me enviaba libros desde España, y nunca habíamos tenido ningún tipo de problemas con tales envíos; es más, las dos veces anteriores había tenido al empleado del Correo Argentino tocando timbre en mi casa para entregármelos en persona, en menos de quince días.
Decidí, entonces, preguntar directamente al jefe de la sucursal Rauch del Correo Argentino. Pero allí no tenían noticias: el libro no había llegado a mi ciudad.
Esto lo hice sistemáticamente todos los viernes desde marzo de 2014 a julio de 2014. Mientras tanto, por supuesto, seguía chequeando la web del Correo Argentino por cualquier novedad al respecto.
¿Qué pasó en el medio? Nada… O sí, un poco de todo.
Yo ignoraba que desde octubre de 2013, aproximadamente, la cuestión de la recepción de envíos del exterior y entrega por parte del Correo Argentino había cambiado totalmente; tal es así que, desde ese mes y por normativa emanada del gobierno nacional argentino —en su intento infructuoso de evitar la fuga de divisas al extranjero (lo de infructuoso corre por mi exclusiva cuenta, por supuesto)— los envíos desde el exterior no se entregaban más en el domicilio del destinatario, sino que los mismos debían ser retirados de la sucursal de la Aduana más cercana a aquel, previo llenado de un formulario web ante la Administración Federal de Ingresos Públicos —organismo público nacional encargado de recaudar los impuestos en mi país— y pago de un canon impositivo a tal efecto. De este canon el retiro de envíos del exterior conteniendo libros estaba exento; no así del llenado del formulario mencionado.
Y la sucursal de la Aduana más cercana a Rauch ¡se encuentra en Mar del Plata! A más de doscientos treinta kilómetros de distancia (casi tres horas de viaje en auto…).
Rauch - Mar del Plata en www.ruta0.com
Ah, me olvidaba: para poder retirar el envío, otra de las reglas era esperar la recepción del Aviso de Llegada, formulario del Correo Argentino que especificaba que aquel ya estaba en la Aduana, y que podía ser retirado en persona o por un tercero autorizado.
Como, lógicamente, era imposible que me trasladara una vez por semana de Rauch a Mar del Plata para verificar que el envío estaba allí, y así poder retirarlo (no tengo tanto dinero como para hacer un viaje semanal de casi quinientos kilómetros, ida y vuelta; tampoco el tiempo disponible…), a mediados de abril de 2014 le pedí al jefe de la sucursal Rauch del Correo Argentino que, por favor, se comunicara con sus colegas de Mar del Plata para saber cuándo enviarían el formulario del Aviso de Llegada a Rauch. Con muy buena onda, accedió al instante a darme una mano.
Llamó a Mar del Plata varias veces entre abril y mayo de 2014, y en todas ellas le dijeron que en la Aduana estaban con mucho trabajo y que los envíos de los Avisos de Llegada a las localidades del interior de la provincia de Buenos Aires que de ella dependían se estaban demorando (yo esperaba que llegara el mío, para así autorizar y mandar un comisionista a la ciudad balnearia para su retiro).
Mientras, claro, todos los viernes yo le preguntaba por novedades al respecto. Y nunca una noticia que me hiciera sonreír.
A la par, mi hermano me preguntaba por mail si había recibido el libro. Él, como se imaginarán, estaba con el mismo nivel de ansiedad que yo. Nunca habíamos tenido ningún inconveniente con sus envíos desde el exterior; y no solo hablo de los libros, sino también de otras encomiendas que él había mandado y que contenían regalos para sus sobrinos de Argentina.
Las respuestas que yo siempre le daba eran negativas: «el libro aún no ha llegado».
A fines de junio de 2014, la página web del Correo Argentino actualizó su información y el envío apareció con una leyenda del estilo «Intento de entrega infructuoso». Enseguida pregunté por ello al jefe de la sucursal Rauch del Correo Argentino, quien me dijo que nunca había tenido en sus manos el famoso Aviso de Llegada que yo todavía esperaba, y que esa información cargada en la web del Correo era errónea.
«Benjamin» se hacía rogar.
El inicio del mes de julio de 2014 trajo consigo dos buenas noticias: una, que en el mes de agosto de 2014 mi hermano Hernán regresaría a Argentina luego de casi cuatro años de ausencia —no se dan una idea de lo que se lo extraña, y de lo que implica pegarle un abrazo cada vez que lo volvemos a ver—, a pasar unos días de descanso en este lado del mundo; y dos, que a fines de julio yo tendría unos pocos días de vacaciones en mi trabajo.
Enseguida, planeamos con Mariana, mi esposa, irnos a fines de ese mes a Mar del Plata. De paso, no solo disfrutaríamos de las vacaciones sino que yo también tendría tiempo para ir personalmente a la Aduana de aquella ciudad a retirar el envío de mi hermano.
Llegó fin de julio, y con ello el ansiado viaje vacacional.
Sede central marplatense de la Aduana y el Correo Argentino
Arribamos a Mar del Plata un miércoles por la tarde, y el jueves me levanté temprano y fui a la Aduana. Estaban de paro y no atendían hasta el día siguiente. No cejé en mis esfuerzos, y el viernes volví a la Aduana a primera hora.
Y ahí me llevé la peor de las sorpresas. El empleado que me atendió me dijo que, como yo había hecho caso omiso al Aviso de Llegada que me habían notificado, el envío conteniendo «Benjamin» estaba en el Aeropuerto de Ezeiza desde el 30 de junio de 2014, esperando ser embalado para su regreso al remitente, en España. Por supuesto, desesperado, protesté y manifesté que nunca había sido notificado de nada. Y pedí hablar con su jefe.
Este vino enseguida y, debo decirlo, me atendió con suma amabilidad; y me mostró las planillas manuales que la Aduana de Mar del Plata llevaba para el registro de cada una de las piezas recibidas. Y acá estaba el quid de la cuestión: el empleado la Aduana que había llenado la planilla había colocado como dirección del destinatario la misma calle y el mismo número de donde vivo, pero en lugar de poner la ciudad «Rauch» había puesto «Mar del Plata» (es decir, por ejemplo, en lugar de poner «Gorriti 1234, Rauch, provincia de Buenos Aires», había escrito «Gorriti 12344, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires»).
Cuando detecto esto y se lo digo a su jefe, él, lógicamente, defendió al empleado y me manifestó que el error no lo había cometido este sino el remitente al escribir la dirección. Le manifesté que eso era imposible, ya que el remitente era mi hermano —señalé su nombre específicamente en el renglón respectivo de la planilla manual— y él conocía muy bien que yo vivía en Rauch.
Siempre muy bien y con excelentes modos, me volvió a decir que el error era del remitente cuando escribió la dirección del destinatario. Le pregunté, entonces, qué se podía hacer. Y me dijo que él veía en su sistema de información que el libro todavía estaba en Argentina (más precisamente en Ezeiza, aún sin despegar rumbo a España), y que presentara un reclamo en la oficina del Correo Argentino de Mar del Plata —que se encuentra en el mismo edificio que la Aduana— a ver si podían frenar el regreso a la península ibérica y volver a enviarlo a Mar del Plata.
Y me dio el teléfono de su oficina particular en la Aduana (que no figura en ninguna guía telefónica), para que me comunicara directamente con él si tenía dificultades para la recepción de otros envíos.
Le agradecí su ayuda y me fui corriendo a la oficina de Correo Argentino de Mar del Plata.
Sede central marplatense de la Aduana y el Correo Argentino
Le conté todo a la empleada que me atendió, quien me dio un formulario para presentar el descargo correspondiente; así lo hice, solicitándole al Correo Argentino por escrito, asimismo, que no regresara el libro al remitente y que lo volviera a enviar a la Aduana de Mar del Plata. La empleada, luego, me dio el número de teléfono del call center del Correo Argentino y me dijo que la semana entrante llamara a ese número para conocer el estado del reclamo.
Un tanto desahuciado, pero todavía con esperanzas de que el envío al remitente pudiera ser frenado, disfruté de las minivacaciones en familia todo lo que pude.
El martes de la semana siguiente llamé al call center. Ni noticia del reclamo: no estaba cargado en su sistema de información. No me rendí. Llamé a la sucursal Mar del Plata del Correo Argentino y me atendió la misma empleada que había hecho lo propio el viernes anterior. Me aseguró que el reclamo había sido cargado en el sistema, y que el problema era de la gente del call center. Lo peor vino enseguida, cuando me informó algo que, todavía no sé por qué (¿desidia, desinterés, boludez crónica de la mina…?), no me había dicho el mismo día de llenar el reclamo: en sus propias palabras, «no se puede hacer nada para frenar la devolución en curso de un envío a su país de origen, aunque el mismo todavía esté en el aeropuerto de Ezeiza, pendiente de despegar». Le agradecí (por nada…), y corté.
«Benjamin» se resistía a llegar a mis manos.
Al día siguiente apareció un nuevo mensaje en el seguimiento del envío a través de la página web del Correo Argentino: «05/08/2014 – 22:33 – Planta: CTP CPI Buenos Aires – Historia: Llegada al centro de procesamiento». El envío todavía estaba en Buenos Aires. Y nuevamente recuperé las esperanzas.
¿Qué hacer? ¿Cómo frenar la maldita devolución a España? ¡Dios!
Entonces se me ocurrió molestar por Facebook a Cristian Cóppola, dueño de la tienda de libros online Libros de Stephen King y otros mundos. ¿Por qué? Porque por su actividad en el mencionado emprendimiento literario, había comprado y vendido al exterior infinidad de ejemplares; y conocía mucho más que yo sobre todos estos nuevos vericuetos de la burocracia argentina a la hora de recibir un envío desde el extranjero.
Le escribí un mp explicándole todo y, al toque y muy gentilmente, me respondió que su padre trabajaba en la sección de Telegrafía del Correo Argentino de Buenos Aires, y que se iba a comunicar con él a ver qué podía averiguar sobre el libro, y qué se podía hacer.
Aeropuerto internacional de Ezeiza
Al día siguiente tuve novedades de Cristian. Su padre se había comunicado con la gente de Envíos internacionales del Correo Argentino y le habían dicho que, lamentablemente, no habían podido frenar la devolución de «Benjamin» a España, y que junto con la novela se habían devuelto ¡15.000! paquetes no reclamados; esto originado, claro, en la impresionante cantidad de nuevas trabas a la importación impuesta por el gobierno argentino, las cuales, como conté más arriba, intentaban (infructuosamente, a mi juicio) frenar la fuga de divisas al exterior. Y se lamentaba mucho por no haberme podido ayudar.
Le agradecí a Cristian todo lo hecho en forma tan desinteresada, tanto por él como por su padre, diciéndole asimismo que no tenía por qué lamentarse de nada: demasiada ayuda me habían dado.
Y ahí me permití putear a los cuatros vientos, pfff…
A los pocos días llegó mi hermano Hernán desde España y, luego de la bajar la intensidad por la emoción de volver a vernos, charlamos sobre todo lo vivido con la novela de Federico Axat. Y nos prometimos, ambos, no hacer ningún envío más ni de España a Argentina ni viceversa: no podíamos confiar en el Correo de mi país (como dice el dicho, «el que se quema con leche ve una vaca y llora»).
Pasó una semana y Annie, la esposa de Hernán, se comunicó para contarnos que había recibido «Benjamin» devuelto desde Argentina, y que nos quedáramos tranquilos.
Dentro de todo lo negativo, por fin una buena: la novela no se había extraviado en la estratósfera, ja.
Luego de unos días mi hermano regresó a España con la promesa de que, cuando volviera a mi país, traería consigo a «Benjamin».
Solo me quedaba esperar. Y aguantar mis ansias como pudiera…
Una forma era leer «El pantano de las mariposas», la novela de Federico Axat que ya tenía en mi poder; pero, como descendiente de vascos que soy, porfié conmigo mismo sobre el tema y me decidí a no leer nada de Federico hasta no tener «Benjamin» en mis manos. Primero leería su primera novela, luego su segunda obra, y así el resto (como lo hago, por ejemplo, con Joe Hill, otro autor de la misma generación que Axat).
Todavía me quedan dos cosas por relatarles del Correo Argentino. Una se las cuento ya y la otra al final de la crónica.
Carta certificada que recibí del Correo Argentino
En octubre de 2014 recibí una carta certificada de la Oficina Central del Correo Argentino, donde me agradecían el descargo que había hecho en la sucursal de Mar del Plata y me decían que el mismo les iba a servir para mejorar la gestión administrativa de los envíos; también me especificaban que ellos no tenían nada que ver con la no-entrega de lo que Hernán me había mandado. Le echaban la culpa al Correo Español, y sugerían que el remitente protestara ante este último: según ellos, era el único responsable y a mi hermano le asistían todos los derechos para hacerlo.
Ja.
Nunca reconocieron su responsabilidad… Y yo no veía ningún sentido en seguir peleando por un tema que, más allá o más acá en el tiempo, ya tenía solución: como les conté, cuando mi hermano regresara a Argentina traería consigo, uno de sus bolsos, a «Benjamin».
Pasó algo más de un año, y a principios de diciembre de 2015 recibimos la grata noticia de que Hernán vendría a pasar las fiestas a Argentina. Una novedad que nos puso muy contentos, ya que desde el año 2000 que no compartíamos con él esas reuniones tan particulares y que para algunos de los integrantes de nuestra familia tienen un significado muy especial.
Específicamente, el avión que lo traería a mi país llegaba al aeropuerto de Ezeiza el 24 de diciembre a la madrugada, hora argentina.
Yo, por las dudas, no dije nada sobre la novela de Federico Axat. Todavía me duraba el pánico escénico de lo vivido el año anterior. Fue Hernán el que me dijo: «Quedate tranquilo, “Benjamin” viene conmigo». Pero, bueno, yo no podía dejar de temblar.
Y al mediodía de ese 24 de diciembre, luego de salir de trabajar, volví a abrazar a mi hermano. Habían pasado quince meses desde su anterior regreso a España…
Intercambiamos unas palabras sobre el viaje, sobre cuestiones familiares y demás, y fue entonces cuando me dijo: «Ah, pará, me olvidaba», y corrió hacia su habitación en la casa de Analía, nuestra madre.
Volvió con el paquete más esperado.
Hernán y Juanito con el envío. La cara de mi hermano lo dice todo...
Dos años después de adquirido, y con la nada despreciable suma de ¡33.000! kilómetros recorridos (venida a Argentina, vuelta a España y nueva venida a Argentina), tenía a «Benjamin» en mis manos. Y les puedo jurar que, todavía, me es difícil poner en palabras lo que significó aquel momento de felicidad plena.
Sorpresas
Abrí el paquete enseguida y no solo me encontré con la novela, sino también con una dedicatoria muy especial de Hernán y Annie, y un señalador y un calendario del 2014 de la librería donde mi hermano la había comprado.
Espectacular.
El sobre que contenía a «Benjamin». Encerrada en el círculo verde está Rauch, la ciudad donde vivo.
Lo segundo que hicimos con Hernán, Mariana, mi vieja y Carolina y Agustina, dos de mis hermanas, fue controlar la cuestión en la que la Aduana de Mar del Plata había hecho tanto hincapié un año y pico antes. ¿Mi hermano le había errado al escribir la dirección de mi casa, destino del envío? ¿O la equivocación era de la Aduana?
El error, lógicamente (cómo Hernán no va a saber en qué ciudad vivo, je, je, eso no se lo creyó nadie), fue de la Aduana. Y la imagen que antecede a este par de párrafos exime de mayores comentarios…
Hernán, Juanito y «Benjamin»
En fin, todo esto me sirvió para darme cuenta de varias cosas pero, sobre todo, para rescatar lo bueno de lo que pasó: la literatura une al mundo y forma vínculos increíbles. Y qué genial que eso pase, como en este caso, con el género del terror.
Por eso me tomo el atrevimiento de volver a citar los nombres de cada una de las personas de esta crónica: Federico, Stephen, Ariel, Cristian, Carlos, Hernán, Annie, Cristina, Julio, Mariana, el padre de Cristian (no sé su nombre, perdón…), Joe, Analía, Carolina, Agustina y Pablo.
Y Benjamin, por supuesto, je, je.
Con «Benjamin»
Si han llegado leyendo hasta acá —los felicito por ello—, seguro querrán saber qué opino, en definitiva, de la primera novela de Federico Axat.
La leí entre febrero y marzo de este año 2016. Bueno, no sé si «leí» es el verbo más adecuado para refleja lo que me pasó, porque en realidad debo decir que… ¡la devoré!
Completamente atrapado por una trama repleta de suspenso, me pasó con «Benjamin» algo que hacía rato no me sucedía. Mis ratos libres de lectura no son más de diez o quince minutos antes de la siesta (sí, en Rauch los que podemos dormimos la siesta) y, por las noches, el tiempo que sea hasta que me venza el cansancio (que no suele ser más de veinte minutos, media hora). Pero me enganché tanto con la lectura de «Benjamin» que esos diez o quince minutos vespertinos se transformaron en media hora, cuarenta minutos, y la media hora de lectura nocturna en una hora (o más…). Y los tiempos habituales del sueño reparador se vieron reducidos drásticamente.
Terminé la novela mucho más rápido que lo habitual, y debo decir que disfruté con su lectura de principio a fin.
Abunda el suspenso, como señalé, pero también posee varios toques del mejor terror, sazonados con episodios de violencia (solo los necesarios) que van in crescendo; Federico nos relata las vivencias de los distintos personajes de una manera tan atrapante, que no podemos dejar de compenetrarnos con los sentimientos más íntimos de los protagonistas a medida que avanzamos en la lectura.
No voy a contar el final, claro. Pero sí voy a decir que me deslumbró y que quedé completamente fascinado. Y me transformé en fanático de Federico Axat.
Recomiendo con todas las ganas la lectura de «Benjamin». Junto a «Buick 8. Un coche perverso», de Stephen King, y «Bilis», antología de relatos de Pablo Laborde, lo mejor que he leído en este 2016.
«La última salida»
Ah, una última.
A principios de marzo de este año Federico Axat publicó su cuarta novela, «La última salida». Si no leí mal por allí, ha sido traducida a veintiséis idiomas y han comprado los derechos para hacer una película basada en su trama.
A través de la librería online Restaurant de la Mente adquirí mi ejemplar de «La última salida», con la particularidad de que el mismo está ¡autografiado por el autor!
Y aquí estoy, a la espera de completar, nuevamente, mi colección de obras de Federico Axat.
Mientras tanto, leo a otros autores ya que, opino, está bueno ir variando géneros, escritores, cuentos, novelas, a los efectos de no aburrirnos al leer siempre lo mismo.
Pero antes de fin de año, seguro, me voy a internar en la trama de «El aula 19», la segunda novela de Axat. Y quizás también en «El pantano de las mariposas», su tercera obra. Veremos…
Así de fanatizado he quedado con el autor argentino, ja.
Saludos, amigos, y mil gracias por su lectura.


20 comentarios:

  1. Me da la sensación de que planea vengarse, sobre todo con eso que escuchará. ¿Cómo será su venganza? Eso despierta intriga.

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    1. Sin venganza en mente, todavía... Quién sabe, da para un cuento de suspenso, ¿no?
      Saludos, Demiurgo.

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  2. ¡Qué tremenda odisea la de ese libro!
    Una historia dentro de otra.

    Es siempre una alegría leerte, Juancho, y me alegra sobremanera el apoyo a los escritores argentinos que, entre tanto yanqui, pelean por abrirse paso en el mundo literario.

    También estoy escribiendo una novela ahora - aunque con otro cariz - y saber que un libro mío podría ser objeto de semejante aventura me hace emocionar.

    ¡Te mando un abrazo kilométrico!

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    1. La verdad que sí, Facu, fue una terrible odisea.
      Hay mucha letra argentina excelente, y que merece más publicaciones y lecturas. Ojalá puedan abrirse paso en el mundo editorial.
      ¡Qué grande lo de la novela! Esperemos tener novedades pronto, che.
      ¡Saludos!

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  3. Pues sí que está complicado el tema del correo en Argentina...
    Por cierto, si me mandás tu dirección por e-mail te envío con mucho gusto un ejemplar de mi libro "Sombras y siluetas" con dedicatoria y dibujo, por supuesto. Espero que llegué bien.
    Saludos!
    Borgo.

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    1. Está complicado, sí; y aunque parece ser que habría algún destello de mejora, yo no confío más: si tengo que comprar un libro en el exterior, será vía algún conocido que viva afuera de mi país, quien tendrá que venirse a Argentina para yo hacerme de la compra, ja.
      En cualquier momento llega «Sombras y siluetas» a Argentina. Prometo foto.
      ¡Saludos!

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  4. Mamá, y yo que puteba por todo lo que hice para poder retirar uno libros que me enviaron de España. Fue mucho, pero comparado con lo tuyo...
    Cuando busques algo con tanta desesperación, preguntale a todos tus contactos. Benjamín estuvo a la venta en la librería El aleph. Casi me lo compro, lo vi en Lomas de Zamora a $150.
    Saludos.

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    1. "Benjamín estuvo a la venta en la librería El Aleph"
      jajajajaja ¡Terrible!

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    2. Lo importante es que (espero que haya sido así...) los pudiste retirar.
      Tenés razón con lo de los contactos: soy medio novato e inocentón con esto de comprar o conseguir cosas por internet: voy aprendiendo de a poco.
      Si lo conseguís por ahí, no dudes en comprarlo: es más que probable que te guste, Raúl.
      Y sí, Facu, qué le vamos a hacer, je, je.
      Abrazo a ambos.

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  5. Respuestas
    1. Muchas gracias, ñOCO Le bOLO, por pasarte y comentar.
      ¡Saludos!

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  6. Anda que si después de todo lo sufrido para conseguir tu ejemplar al final no te gusta la novela....
    Menos mal que no fue así.
    De Axat leí 'El pantano de las mariposas' (me encantó) y esta que reseñas, 'Benjamín', que también me gustó mucho. Afortunadamente no tuve los mismos inconvenientes que tú para adquirirlas; vivo en España y las dos me las prestó una amiga.
    Un saludo.

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    1. Qué bueno, Kirke, que hayas podido disfrutar de la lectura de ambas novelas sin sufrir tanto como yo, ja.
      Todavía no leí «El pantano...»; creo que lo haré recién el año que viene.
      Saludos, y gracias por pasarte por estos lares.

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  7. Querido Juan,
    ¡Lei toda la cronica! Me has emocionado :)
    En algún momento tenemos que firmar ese ejemplar tan especial de Benjamin. No digo enviarlo por correo porque tampoco vamos a someter al pobre libro a más kilómetros adentro de un sobre..., pero en algún momento nos vamos a encontrar para hacerlo. Está escrito.
    Un abrazo grande!

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    1. Es un gran honorar para mí que hayas leído y, además, comentado esta crónica, Federico.
      Espero encontrarte alguna vez en alguna Feria del Libro, o evento similar, y tener tu autógrafo en «Benjamin». Va a ser un honor adicional, sin dudas.
      Un abrazo grande, y mis deseos fervientes de que nos sigas regalando esas letras repletas del mejor suspenso.
      ¡Saludos!

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  8. Pedazo de odisea para poder leerte el libro. Una pena que la burucracia esté siempre ahí para fastidiar, por lo visto, hasta algo tan sencillo como la lectura de ese libro en el que deseas sumergirte. Toda una historia. Me alegro de que por fin hayas podido hacerlo.
    En cuanto al autor, hace tiempo que le tengo echado el ojo. "Benjamin" me llamó la atención desde el mismo momento en el que leí su trama y "La Última Salida" también me está llamando. Me los leeré. Espero que no me cueste tanto como a ti y poder disfrutar tanto como tú.
    Te mando un abrazo desde España. (Espero que lo recibas y que no tengas que ir a buscarlo a la aduana 😂).

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    1. Mucho es la burocracia argentina en todo ámbito, Mr. M, inclusive en algo que tan bien nos hace que es la cultura en general, y la literatura en particular.
      Estoy seguro que «Benjamin» te va a gustar; además, tiene algo (no demasiado) de esa violencia que vos tan bien manejás en tus letras. No he leído todavía «La última salida», cuestión que quedará para más adelante (aunque no pasará mucho tiempo para ello...).
      Abrazo recibido, ja, y sin tanto lío de por medio.
      ¡Saludos!

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    2. «Mucha es la burocracia» por «Mucho es la burocracia», upsss...

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    3. Ya me lo he leído y tengo que decir que me ha encantado. Te juro que hasta llegar al final me fabriqué mil teorías sobre lo que estaba ocurriendo, pero nunca di con la verdadera. Vamos, es que ni me acerqué.
      Te doy las gracias por este post, porque de no ser por él no creo que hubiese llegado a la novela.

      Un abrazo!

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    4. Qué bueno que te haya gustado, Mr. M. Y me pasó igual: jamás preví ese extraordinario final.
      ¡Saludos!

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