lunes, 26 de marzo de 2012

Estrellas



Diciembre de 1993

La niña ingresó a su hogar a la hora de la merienda y sin mediar palabra corrió hasta su habitación. Se recostó vestida en la cama y bajo la almohada ocultó su carita enmarcada en unas gafas de fino contorno negro. Sollozaba desconsolada y así la encontró su madre.
—Angie, ¿qué te sucede?
—¡Me mentiste, Mamá! ¡Tú y Papá me mintieron! —le contestó la pequeña, alzando la voz entre hipos y mocos. Tenía solo siete años y su cabello oscuro salía por debajo de la almohada en rizos desordenados.
—Hijita, a ver, ven que te limpio los mocos. —Angie se sentó en la cama junto a su madre, los ojitos anegados en lágrimas. Con suavidad extrema, su mamá limpió la nariz y la abrazó fuerte. —Cuéntame, ¿en qué te mentimos con Papá?
—Carolina me… me di… dijo… que Santa Claus no existe, que son los padres de cada una —respondió Angie tartamudeando palabras, todavía enojada.
—¿Y le crees? —inquirió la madre haciéndole cosquillas en la barriga. El enojo de Angélica desapareció al instante, y las carcajadas de la niña inundaron la habitación.
—No lo sé, Mami —dijo Angie esquivando entre sonrisas los dedos de su madre.
—Mira, vamos a hacer una cosa —propuso la mayor de las damas a la vez que se levantaba de la cama y entrelazaba con ambas manos los dedos de su hija—: tú escríbele la carta a Santa como haces cada año y veremos qué sucede.
—Bueno, Mami. ¿Y le puedo pedir cualquier cosa?
—Por supuesto —respondió, mientras en su cabeza aparecía cada vez con más fuerza la idea de estrangular a Carolina, la amiguita de Angie, tremenda niña capaz de encrespar hasta el último de los cabellos de Bruce Willis. Sonrió para sus adentros y la idea funesta se esfumó enseguida. Confiaba en que su hija no le pidiera a Santa Claus una locura; nunca lo había hecho pero… dice el dicho que siempre hay una primera vez.
—¿De qué te ríes?
—De nada, hija —respondió—. ¿Quieres que te cuente un secreto de Navidad?
—¡Sí, claro! —sonrió Angie dando saltitos, los ojos brillando tras los anteojos.
—Cada Navidad, Santa Claus viaja con su trineo por el mundo a una velocidad increíble para así poder entregar sus regalos a todos los niños del planeta.
—Eso ya lo sé, Mami, me lo dijiste el año pasado.
—Pero no te conté algo trascendental, muy importante —dijo la madre, misteriosa.
—¿Qué cosa, Mamá, qué cosa? —El suspenso cortaba el aire cual filosa navaja.

lunes, 12 de marzo de 2012

Caperucita Azul y el mundo de los cuentos

 

(presentando en esta ocasión a Martina y Germán, dos jóvenes escritores de tan solo 8 años de edad cada uno, que con este relato han participado obteniendo Mención en el Concurso Literario Anual Letras en Rauch 2011organizado por la Biblioteca Popular Guido y Spano de la ciudad de Rauch)




Había una vez una chica que usaba una capa azul, le decían Caperucita Azul, vivía en un bosque. Un día quiso ir a la casa de Caperucita Amarilla, pero tenía que cruzar el bosque prohibido.
En el camino estaba el lobo Jack escondido.
Caperucita Azul se encontró con el Gato con Botas, ella le dio una bota con oro, el Gato con Botas se fue. Jack vio al gato y lo tiró al aljibe.
Más tarde el Gato con Botas logró salir en un balde, cuando una familia sacaba agua.
Entonces comenzó a buscar al lobo. Vio huellas de un lobo y el único lobo que había era Jack, no lo pudo encontrar buscando los rastros.
Caperucita Azul llegó a la casa de Blancanieves y la atendieron los siete enanos, los enanos la guiaron a donde estaba Blancanieves y le dijo ¿Cuál es tu facebook? Y le respondió:
Blancanieves había salido y Jack le metió en la boca la desmayadora, es una manzana que desmaya por 15 minutos. Cuando se despertó empezó a buscar a quien le había metido la desmayadora, descubrió que había sido Jack.
Caperucita Azul se encontró con los tres chanchitos y se quedó en la casa más segura, de repente apareció Jack y rompió las dos primeras casas con un soplido, la tercera casa que era de piedra la rompió con un mazazo de acero. Caperucita Azul y los chanchitos habían logrado huir.
El Gato con Botas y Blancanieves llegaron, al ver las casas destruidas entre todos le pegaron a Jack.
Caperucita Azul llegó a lo de Caperucita Amarilla mientras tomaron mate le contó lo sucedido. Jack aprendió la lección y desde ese día fue un lobo bueno y todos los cuentos tuvieron un final feliz.


Martina (8 años)
Germán (8 años)
2011