lunes, 6 de agosto de 2012

Escritora mía




En respuesta a: A ti, amor.


Marzo de 2012

Escritora mía:

En la solitaria madrugada otoñal leo y releo tu carta.
Sigo sonriendo todavía con las frases “churrito a medio cocer” y “flaquito descolorido”, fantásticas ocurrencias que me alegraron la mañana aquella en que leí esas líneas por primera vez.
Pero algo me descorazona: entre la espada y la pared he quedado al llegar al punto final de tu redacción, sumido en millones de dudas.
La amistad, el amor y la obligación de optar por una cosa o por la otra. Indefectiblemente, sin términos medios, sin tristes grises que opaquen nuestra existencia.
Aún no puedo creer que aquellas letras que acompañaban nuestras madrugadas on line a través del mundo que nos separa, y que fueron forjando una amistad a prueba de balas en todo este tiempo, pudieran encender en ti eso que llamas amor.
El amor… ¿La muerte de la soledad? ¿La risa del sol que derrite estalactitas de rocío invernal? ¿El escucharte sonreír hasta el final de los tiempos? ¿Entregar el corazón sin esperar nada a cambio?
No sé. Imagino que un poco de todo eso, más la certeza de que si falta de tu lado la persona que amas, te falta la sangre, el aire…, te falta todo y nada más tiene sentido.
¿Y la amistad?