sábado, 22 de diciembre de 2012

¡Sal de ahí!




Oscuridad. La nada misma.
Y de repente, todo.
Una bocanada de energía luminosa atraviesa el lienzo y se cuela por las fosas nasales inundándole las venas, y provocando que la sangre comience a circular de nuevo.
Siente mucho frío. En su espalda. «Estoy acostado… sobre piedra», deduce. «Y desnudo». Al instante se da cuenta que desnudo por completo, no. Además del paño que le tapa la cara y parte del torso, sus partes íntimas están cubiertas con alguna especie de género.
Intenta despegar los párpados, pero no puede. No tiene fuerzas, y el lienzo sobre la piel de su rostro pesa una tonelada. Percibe sus brazos atravesados encima de su pecho, las manos casi tocándole la entrepierna.
Y son los dedos de la mano derecha lo primero que puede mover. Tamborilean por diez segundos, y siente cómo un torrente renovado de sangre los invade al cerrarlos en forma de puño —los nudillos blancos—. Sin embargo, eso es todo lo que puede hacer: sus manos están trabadas con una «…¿venda?…» y, a pesar de que percibe que es solo un nudo simple el que lo separa de la libertad total, la carencia de fortaleza impide que las pueda desatar.
Duelen las punzadas en las yemas de sus dedos.
Y por fin puede abrir los ojos.
El trapo que le cubre la cara es de un color blanquecino, casi transparente, lo que no solo permite el paso del aire enrarecido del lugar a sus pulmones, sino también que divise «…sombras…» a través de él.
Sus pupilas se acostumbran, poco a poco, a la negrura total del lugar. Escruta toda la estancia, frenético, yaciendo sobre la piedra y aún sin poder moverse por completo —los músculos de sus piernas protestan con dolorosos calambres al intentar movimientos mínimos replegando las rodillas—. Las paredes son también de roca «…dura…». El olor insoportable a humedad sucia que llena su nariz le da la última pista, la que devela el dilema. «¡En un sepulcro! ¡Estoy en un sepulcro!» concluye gritando en silencio, y el terror que siente, en lugar de paralizarlo, lo moviliza.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Prematuro





Despertó y se notó desnudo, tapado con una... ¿sábana? Tocó la madera que rozaba su cara y tembló.
Tres toneladas de tierra cubrían el ataúd.


Juanito
Octubre 2012

(redactado en ocasión del Ejercicio Nº 1 del Taller Comunitario de Literatura 2º Parte de El Edén de los Novelistas Brutos - versión corregida)