lunes, 30 de marzo de 2015

El Freddie, el Ossie y el Ricky




Hace mucho frío. Ahhh… Y duele. Ahhh… Ahhh… La espalda me raspa contra el suelo rocoso, pero el uniforme… ahhh… todavía me ayuda a no sentir el filo de la piedra.
La niebla ya se ha ido. Hace rato. ¿Cuántas horas pasaron? No sé. Lo que sí sé es que… ahhh… concha’e su hermana con el dolor de mierda. Esto es… el mismo infierno. Balas surcando el cielo de a miles, de un lado y del otro. Y las explosiones. Las granadas. Qué hijos de puta estos ingleses…
Me aprieto la panza con las manos manchadas de barro y el dolor cede —solo un poco—.
En la noche no las puedo ver, pero mis dedos me informan: las tripas me cuelgan ahí abajo hechas un estropajo de carne y sangre. Y se… y se escapan de… ahhh… un agujero enorme. Ufff…
Duele… Como la puta madre que lo parió.


El sargento PARA[1] avanza sobre la ladera del monte junto a sus camaradas, y la niebla de la noche los ayuda camuflándolos en la oscuridad.
Pero todo se complica cuando el cabo Milne pisa una mina antipersonal que le vuela una pierna. Los argies oyen todo y la balacera no se hace esperar.
Aunque aún no lo sepa, la batalla por la posesión del estratégico monte Longdon, uno de los últimos bastiones de defensa argentina en las Falklands, contradecirá gran parte de lo que aprendió en la academia militar. Sobre todo porque sus enemigos, soldados conscriptos en su mayoría —casi adolescentes y sin experiencia en cuestiones bélicas—, resistirán durante horas el embate furioso de su Regimiento 3.


Cuando uno de ellos pisó una de las minas, alguien gritó «¡Ahí vienen!» dentro de nuestra carpa-trinchera —imposible cavar en la piedra del monte Longdon para hacer un pozo que nos protegiera mejor— y todos nos tiramos de cabeza a nuestras posiciones.
Uno de los nuestros vio a un inglés al borde de la carpa; el hijo de puta había llegado arrastrándose en silencio como una yarará. Con el FAL al hombro, lo hicimos pedazos. Nunca supimos cuándo había muerto, pero, mínimo, debe haber recibido entre quince o veinte tiros. Una locura…
Fue entonces cuando tomé la MAG, y empecé a ametrallar a todo lo que se movía.
No sé durante cuánto tiempo tiré. No sé a cuántos maté. No sé a quiénes maté. ¿A ingleses? ¿A mis compañeros? No lo sé… Lo único que sé es que seguí tirando a diestra y siniestra. Y gritando como un desposeído en la negritud de la fría noche malvinense.
Hasta que algo explotó dentro de la carpa-trinchera y todo se escureció.

lunes, 23 de marzo de 2015

Publicación de «Consignatario de hacienda» en «miNatura»




En el mes de octubre de 2014, la revista literaria online española «miNatura» publicó, en su N° 137 —dedicado a la temática «Fenómenos Paranormales—, mi microcuento «Consignatario de hacienda».
Un micro muy especial para mí, ya que se trata de un pequeño homenaje a mi viejo (un gran tipo, de esos que se ven muy poco). Pueden acceder a la publicación haciendo «click» en el siguiente link:
Como siempre, encontrarán allí más microcuentos, ilustraciones, comics, entrevistas a autores, artículos y reseñas para disfrutar; entre ellos, dos textos del autor William E. Fleming.
¡Saludos!


lunes, 9 de marzo de 2015

María de los Ángeles tiene calor




Te observo bailar y te odio todavía más.
Girás al ritmo del vals que suena en el salón, con él tomándote de la cintura. Todos los invitados te observan brillar y aplauden, acompañando tu alegría. Estás bellísima, con un vestido blanco que deja tus hombros al descubierto. Y él, de impecable traje negro, está más hermoso que nunca.
Federico, que era mío y me lo robaste.
Hija de puta.


Sentada en el primer banco de la fila, María de los Ángeles está atenta a lo que dice la profesora de Historia. Le encanta la materia y se destaca en clase sin esfuerzo alguno; solo repasa en su casa media hora el día anterior a cada evaluación, y con eso le alcanza para lograr otro de sus diez habituales. Y no solo logra tales calificaciones en Historia, sino que se destaca en todas las del plan de estudios, nunca obteniendo notas inferiores a nueve.
Su cabello rubio, lacio, le llega a la mitad de la espalda. Y su cara angelical siempre esboza una sonrisa —las veinticuatro horas del día—. No tiene maldad, no sabe ni siquiera lo que es hacer una broma a una amiga o a un compañero del salón.
La profesora de Historia está escribiendo en el pizarrón cuando un trocito de papel mojado vuela desde cuatro bancos más atrás y le da a María de los Ángeles justo en medio de la cabeza. Pero la joven le resta importancia y sigue con los ojos fijos en la carpeta con los apuntes de clase.
Otro trocito de papel mojado impacta en el mismo lugar. Entonces se da vuelta. Y Griselda le clava la mirada, agitando en su mano derecha una cerbatana casera hecha con el tubo vacío de una lapicera.
María de los Ángeles, pese a todo, mantiene la calma. Nunca la han enojado esas cosas. Y, además, dos bancos detrás de Griselda, alguien más la mira y le sonríe. Se ruboriza cuando esos profundos ojos celestes escrutan su interior y, de inmediato, gira la cabeza y se enfoca nuevamente en lo que dice la profe.
El dueño de la mirada penetrante también se concentra en el dictado de la clase.
La única que no lo hace es Griselda. No solo porque le importa un comino lo que diga «la vieja de Historia», sino por otra razón: vio las miraditas de sus compañeros e intuye que algo está pasando allí.
Algo gordo.


Que la fiesta de tu casamiento se desarrolle en el primer piso del salón de la Sociedad Rural de la ciudad es otra de tus excentricidades. Y una manera de decirle a tu abuelo «Vos no entrás»: imposible que don Armando pueda subir tantos escalones con noventa y dos años cumplidos. Claro, no te bancás que el tipo se haya vuelto a casar una vez que enviudó; y con una mina mucho más joven que él, que recién cumplió cincuenta años y que podría ser tu madre.
Aunque creo que, en realidad, lo que más te disgusta es que tu abuelo no es ningún gil, y sabe quién es quién en este mundo. Y la manera en que lo ninguneás hace años. No te va a dejar de herencia ni una mísera hectárea de las mil quinientas que tiene, boluda.
Me río de vos con todas las ganas, aunque aún no me hayas visto: las cortinas frenan tu mirada hacia el exterior. Y el balcón del salón es un buen lugar para cualquiera que quiera colarse en la fiesta —me incluyo—. ¿Sabés? En todos estos años de encierro forzado desarrollé la capacidad de vencer cualquier obstáculo que la vida me imponga; y eso incluye trepar muros valiéndome solo de mis brazos y mis piernas.
Estamos en pleno verano y una brisa cálida acompaña mi soledad. El mismo clima de anoche, cuando hui del loquero —«Hospital para enfermos mentales» le dice mi médica, ¿podés creer?— trepando la pared de cinco metros de alto.
Una noche ideal para vestirse de gala; y si es de rojo, mejor, ¿no te parece? A pesar de que transcurrieron diez años, no he perdido mis formas y cualquier vestido ceñido al cuerpo —este, regalo de la directora del psiquiátrico cuando cumplí diez años internada: según ella, para premiarme por mi buena conducta, ja— me queda mejor que nunca.

lunes, 2 de marzo de 2015

«Tierra de Nadie», novela de Sebastián Elesgaray




Sinopsis de «Tierra de Nadie»:
«Siete balas. 
Siete balas no eran tan malas, si tenía que enfrentar a tres bestias. Matemática pura, fácil para un ingeniero. Un tiro a cada una y asunto resuelto. Además le iba a sobrar munición. ¿Pero cómo carajo la iba a hacer rendir si le temblaba la mano? No solo la mano, todo el cuerpo. Sufría de espasmos, estaba empapado en transpiración y no podía llenar de aire los pulmones.
Siete balas.
'Siete magníficas balas', pensó con ironía, 'sería más fácil aprender a volar.'
***
El planeta tal cual lo conocemos ya no existe. Es asolado por bestias de otro mundo. La comida y el agua son difíciles de conseguir, no hay acceso a la medicina y el enemigo acecha en cada rincón. Un grupo de jóvenes coincide en un edificio en la ciudad de La Plata. Será su refugio, y allí surgirá la amistad, la solidaridad, y agazapada, la traición. Sabrán que las bestias eran el comienzo de algo mucho más grande. Y cada uno deberá enfrentar sus propias decisiones para sobrevivir en esta tierra de nadie.»

Más datos de interés:
Género: Distópico/Ciencia Ficción/Post-Apocalíptico.
Cantidad de páginas: 288.
Ilustraciones en el interior del libro: No.
Tapa blanda: Sí.
Editorial: Ediciones B, Colección BLOK («click» aquí).
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